Un “regalo de Dios” entre tazas y calidez: los 23 años de servicio de Teresa Morales en la Municipalidad
Detrás de cada jornada administrativa en la Municipalidad de Malargüe existe un equipo fundamental que sostiene la rutina con compromiso, esfuerzo y un profundo sentido de pertenencia. Teresa Morales, integrante del área de Maestranza, refleja la dedicación y la empatía con la que se construye el trabajo público diario.
La jornada en la Municipalidad de Malargüe comienza temprano y con el motor del servicio activo. Teresa Morales forma parte del equipo de Maestranza que brinda atención en la planta baja de la comuna, una función esencial que abarca mucho más que la preparación y distribución del desayuno: implica planificación, mantenimiento del orden, limpieza constante y una atención atenta a las necesidades de cada espacio.
Según el relato de Teresa, la labor inicia cada mañana a las 8:00 con las pavas listas en la cocina. Junto a su compañera Inés Lucero, organizan la atención de un piso donde se desempeñan alrededor de 45 personas. La tarea se divide por sectores y en dos tandas de refrigerio para garantizar que todo el personal cuente con su espacio de pausa sin interrumpir la atención municipal.
Sin embargo, la función de Maestranza trasciende la asistencia al personal interno. Durante las jornadas de intenso frío, la cocina se convierte en un punto de contención para los trabajadores que realizan tareas operativas al aire libre en la vía pública o que llegan desde dependencias externas.
“Nuestra tarea primordial es atender al personal, pero también a los compañeros que vienen de otras áreas que trabajan al aire libre y se acercan por agua caliente o un desayuno. Más con estos fríos que hacen, siempre estamos atentas a lo que necesiten”, comentó Teresa.
Servicio extendido, riesgos invisibles y alta responsabilidad
Lejos del mito del trabajo pasivo o acotado a un horario de oficina, la labor en Maestranza exige flexibilidad y disponibilidad constante. Las tareas del equipo con frecuencia se extienden a jornadas extraordinarias durante fines de semana, feriados y días de descanso para cubrir actos protocolares, disertaciones y eventos de gran escala comunal, como el Festival Nacional del Chivo.
A esta entrega horaria se suman los riesgos propios de la actividad: la manipulación cotidiana de grandes volúmenes de agua hirviendo, el control de artefactos a gas y el manejo cuidadoso de productos de limpieza para la desinfección. Asimismo, requiere cierta templanza para desempeñarse en sectores de máxima exigencia institucional, como la Intendencia o reuniones con delegaciones provinciales y nacionales.
“Al principio se me complicó mucho por los nervios que da servir al intendente o en reuniones con gente de afuera; a veces la bandeja no te acompaña por los mismos nervios. Pero gracias a Dios todo ha salido perfecto porque le ponemos muchas ganas”, recuerda sobre sus vivencias en la institución.
El valor del compañerismo y el reconocimiento humano
Para Teresa, el aspecto más valioso de su trayectoria en la comuna no reside únicamente en la tarea cumplida, sino en las relaciones humanas construidas a lo largo de más de dos décadas y en la importancia de que el trabajo de cocina sea valorado por sus pares.
Ese lazo cotidiano, especialmente con su compañera Inés Lucero —a quien define como su confidente y amiga—, representa el verdadero sostén para superar las dificultades diarias e ir a trabajar con alegría.
“Para mí venir a trabajar es un regalo de Dios. Me gusta compartir con mis compañeras; cuando alguna atraviesa un mal momento, entre todas nos ayudamos a salir adelante. El compañerismo es lo mejor que uno puede tener”, concluyó Teresa, sintetizando el espíritu de vocación y servicio que dignifica al empleado municipal de Malargüe.






